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07/03/2010
Una treintena de sacerdotes, los más jóvenes de la diócesis, que oscilan entre los 26 y 36 años, nos proponen al resto de los curas una peregrinación a la pila donde se bautizó Santo Tomás de Villanueva, en el pueblecito de Fuenllana, para celebrar el sacramento de la Penitencia y terminar, una vez recibido el perdón del Señor, celebrando la Eucaristía en Villanueva de los Infantes.
Y, como la juventud lo puede todo, los sacerdotes jóvenes peregrinarán, andando antes, desde Membrilla a La Solana. Su propósito es volcarse en una Misión sin precedentes en las dos parroquias, celebrando actos con niños, jóvenes, adultos y mayores, compartiendo con todos su alegría por haberle entregado la vida a Jesucristo en la Iglesia como sacerdotes, y dispuestos a compartir con las familias que les acojan en sus casas.
Os confieso que me ha emocionado el gesto. Y, por eso, lo quiero comunicar a toda la comunidad diocesana, para, ante todo, pedir que recéis por ellos y por el éxito de su vida sacerdotal y también por el éxito de la Misión misma, en esta pequeña-gran acción auténticamente “jubilar” de los días 11, 12 y 13 del próximo marzo.
No todas las Iglesias diocesanas de nuestro país tienen el privilegio de contar con un número tan significativo de sacerdotes ordenados en los últimos 10 años. Es buena ocasión esta para dar gracias a Dios con nosotros los obispos, D. Rafael y un servidor, por esta vitalidad sacerdotal de nuestra Iglesia. Sin adulación ninguna, todo ello nos habla de la fuerza de la vida cristiana que hay en nuestras Comunidades Parroquiales, Movimientos Apostólicos, Asociaciones y Cofradías contando, además, con las numerosas Congregaciones Religiosas que nos acompañan con su presencia entre nosotros, y que ha hecho posible esta realidad de nuestro clero y de nuestro Seminario -semillero de futuro-.
Si todo ello está siendo posible en estos años, tan complicados para que surjan vocaciones, no es tanto por nuestros méritos de pasado y de presente, sino por nuestra docilidad a la Voluntad de Dios, por nuestra entrega generosa a secundar sus planes, que con tanto esfuerzo hemos sabido sacar adelante año tras año sin interrupción.
El mejor agradecimiento, la mejor Acción de Gracias será, como nos dice el Evangelio, -recordamos a la anciana Ana recibiendo a Jesús en el Templo- : “hablaba del Niño a todos...” Pues hablad de nuestros sacerdotes a todos y ofreced la posibilidad a todos los jóvenes de ser sacerdotes, y hablad a los padres y madres de la grandeza del sacerdocio, para que no obstaculicen ni pongan pegas a sus hijos que muestren indicios de vocación sacerdotal. ¿Acaso no necesita nuestro mundo de vidas jóvenes que levanten el ánimo a esta sociedad nuestra...? ¿Acaso, y por encima de todas campañas desacreditadoras de los sacerdotes, no se necesitan hoy hombres que, colgados de la misericordia de Dios, superando debilidades y pecados, continúen queriendo seguir a Jesucristo por el camino de la entrega a Dios y a los demás?
Santo Tomás de Villanueva, San Juan de Ávila, San Juan Bautista de la Concepción, los beatos mártires Narciso y compañeros saben proteger a nuestros sacerdotes y animarlos a ser, como ellos, modelos vivientes de fe y caridad. Hombres de Dios, de los pobres y, con estos, de todos.
Vuestro obispo + Antonio
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