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El pasado 23 de julio, nuestro obispo, Don Antonio, salía de Ciudad Real encabezando una peregrinación de 40 jóvenes a Roma.
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Estos ocho días de peregrinación por Roma han servido para devolvernos a las raíces de nuestra fe, rezando junto al obispo, ante las tumbas de Pedro, Pablo, San Ignacio de Loyola, San Felipe Neri, San Francisco de Asís, Santa Clara y las de tantos y tantos cristianos que entregaron su vida en nombre de Cristo, muchos de ellos en forma de martirio.
Descender a las catacumbas de San Calixto, donde el Buen Pastor preside las tumbas de tantos cristianos antiguos, celebrando allí la Eucaristía y recordando a toda la diócesis, ha sido uno de los momentos más relevantes de una peregrinación en la que el grupo se desplazó también a Asís. Allí, el domingo, se pudo celebrar la Eucaristía en la Iglesia de Santa María de los Ángeles, donde un hermoso tiempo de oración permitió a los jóvenes profundizar en la figura de San Francisco, uno de los santos más relevantes en la historia de la Iglesia.
Entre todos los días de peregrinación, hubo uno destinado al retiro, en Tre Fontane, lugar donde Pablo entregó su vida. Allí, la renovación de las promesas bautismales y la confesión, fueron ejes de renovación interior y de cambio de vida, frutos comunes a toda peregrinación cristiana. Fue Don Antonio quien dirigió el retiro, destacando varios ejes de la última encíclica de Benedicto XVI: Caritas in Veritatis.
En la tarde de esta jornada paulina, se peregrinó hasta la Basílica de San Pablo Extramuros, donde está el sepulcro del Apóstol. Los jóvenes rezaron aquí el credo, en comunión con toda la Iglesia y frente al sepulcro de una de las figuras que más nos ha ayudado a profundizar en el misterio de Cristo.
Y especial relevancia tienen las dos eucaristías celebradas en el Vaticano, en una capilla cercana a las tumbas de Pablo VI y de Juan Pablo II, donde el obispo recordó emocionado la comunión de toda la Iglesia, en la que él, como sucesor de los Apóstoles y junto a todos los obispos del mundo, prolonga el pastoreo de Jesús.
Decenas de autobuses romanos, varios kilómetros diarios, alegría, cantos, oración y promesa, resumen una peregrinación que, deseamos, sea inicio o recomienzo en el camino del amor de todos los que allí participamos.
En la mañana en la que regresábamos a Ciudad Real, en el Vaticano, al lado de los sepulcros de los Papas, profecías del Señor resucitado que muere para dar vida eterna, los jóvenes entregaron en el ofertorio de la Eucaristía al Obispo un cáliz, para que sea utilizado por Don Antonio en las Eucaristías de los jóvenes, recordando su entrega a lo largo de toda su vida episcopal y en esta peregrinación, y anunciándole que esto tendrá su fruto y recompensa en la vida de los jóvenes, entregados a Cristo, bandera veraz de la juventud para transformar el mundo.
Delegación Diocesana de Juventud
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