¿POR QUÉ ESE AFÁN DE AYUDAR CON COMIDA Y ROPA?
Desde que comenzó la actual crisis económica,
muchas han sido las iniciativas que se han llevado a cabo para paliar sus consecuencias,
sobre todo en la esfera macroeconómica y financiera. Otras respuestas se están llevando
a cabo desde las distintas administraciones públicas, con los cuestionados planes de
desarrollo. Sin embargo, estas respuestas llegan con dificultad a la esfera familiar, que
es al final, el lugar donde se vive la experiencia más amarga de la crisis, y también es
el lugar donde surgen las más cercanas y entrañables respuestas para paliarla.
Cuando se habla con alguna madre en Cáritas se
escuchan frases como ésta: "mi hijo no entiende que no le pueda comprar unas
zapatillas nuevas". "Estoy teniendo problemas para que mi hija adolescente
entienda que no le puedo dar dinero para salir como antes, cuando su padre tenía
trabajo"
Para las familias que han estado acostumbradas a
vivir en la abundancia, la falta de recursos económicos está afectando directamente en
las relaciones personales, sobre todo si se prolonga en el tiempo. Poder ayudar a las
familias dedicando tiempo para la escucha, orientando en formas de actuar para afrontar
adecuadamente sus problemas es tarea de educadores, psicólogos o bien sencillamente de
grupos de padres que se planteen compartir y plantear nuevas alternativas. Por eso, es
importante no quedarnos sólo con la pena de "no tienen para comer".
Las familias siguen teniendo las mismas
necesidades que antes de la crisis, bastantes de éstas van apareciendo por primera vez
por los servicios sociales y por Cáritas, si no les da vergüenza. Nadie mejor que las
propias familias saben cómo organizarse y responder a su vida diaria; por tanto habrá
que escuchar más y huir de respuestas estandarizadas. A veces, se reduce más la angustia
cuando saben que pueden pagar el recibo de la luz, que llevarse una bolsa con comida; que
por cierto quita hasta la autonomía de decidir si en vez de lentejas pueden tomar una
ensalada de tomate.
¿Tú comerías en un comedor social?
Desde que comenzó la crisis, los medios de
comunicación no han dejado de preguntar ¿Cuántos comedores tienen o si se van a abrir?
Desde Cáritas Ciudad Real sólo vemos estos recursos para personas que van de paso o para
las campañas agrícolas de temporada.
Curiosamente cuando preguntas: "¿Tú irías
a comer con tu familia a un comedor social?" todos responden: "Sería lo
último, me parece que perdería mi dignidad, sería una vergüenza
" ¿Por qué
pedimos para los demás lo que no queremos para nosotros?
Cáritas, en su respuesta, hace un esfuerzo
porque la familia responda a sus necesidades básicas en el hogar, sobre todo las que
residen en nuestras localidades. Desde Cáritas, creemos en el valor de la familia. En
España y, actualmente, con mayor intensidad en las zonas rurales, éste sigue siendo el
colchón natural y primero que acoge, ayuda y mantiene a sus miembros en tiempos de
crisis.
Por otro lado, la ropa es un recurso bueno,
supone mucho trabajo para las voluntarias que los atienden, pero ha de tener una
valoración adecuada tanto por quienes la donan como por quien la recibe. Por ejemplo, en
algunas localidades, como Tomelloso y Daimiel, Cáritas tiene organizado un sencillo
proyecto de reciclaje donde la ropa previamente se selecciona, se lava, se arregla y se
ordena; para posteriormente poder ser adquirida por un precio simbólico. De esta manera
las personas adquieren las prendas que realmente precisan.
Entre todos es posible
Es necesario urgir, más que nunca, hacia la
participación social y la conciencia ciudadana. Sólo se podrá apoyar a las personas en
paro o en exclusión si los que tienen trabajo y bienes siguen aportando al bienestar
social desde los impuestos. Aunque cuando se habla de este tema rápidamente surge la
protesta de todos y entre los políticos no es muy aplaudido, porque subir los impuestos
es poco rentable desde el punto de vista electoral.
Cáritas Española, en sus orientaciones para
afrontar la crisis, sabe y le ha dicho al gobierno, que las prestaciones dependen de la
aportación de cada ciudadano y eso se hace vía impuestos. Otra cosa en que dichos
impuestos se apliquen en gran parte para paliar esta crisis y que las soluciones pasen por
la generación de empleo estable. Porque qué pasará cuando acabemos de arreglar las
aceras de nuestras ciudades, con el Plan Eñe.
Recuperemos el sentido común y pongámonos en el
lugar del otro: La participación social no nace de juzgar situaciones que no vivimos,
sino de que cada ciudadano tenga información, razone y huya de respuestas simplistas, se
implique en las instituciones sociales que nos hemos dado a nosotros mismos, como
asociaciones de vecinos, AMPAS, consejos de bienestar social, páginas web donde los
ayuntamientos piden opinión, movilización de los sindicatos para todos.
Es el tiempo de crear nuevas respuestas para
estos momentos huyendo del individualismo que mantiene a pobres, y no tan pobres
aletargados, mientras otros deciden por nosotros.
Y mientras la sociedad despierta del letargo que
nos ha producido el estado de bienestar -solo para algunos-, las distintas
iniciativas de la solidaridad tiene rostro; son muchos los hombres y mujeres los
que desde el compartir silencioso que hace vida -que no sepa tu mano izquierda lo que hace
la derecha- se disponen a ayudar a los demás.
Una sociedad con valores, es una sociedad con
futuro.
La Iglesia Diocesana, con su Obispo a la cabeza,
invitó el pasado 21 de junio, a todos los cristianos a compartir el 10% de un sueldo para
afrontar la crisis. Detrás de esto no solo hay una necesidad económica, sino una
invitación a vivir de manera austera y ser signo evangélico en estos momentos. Una
colaboración que está nutriendo el Fondo Diocesano de Solidaridad, no para solucionar
los problemas sociales y de empleo en la Diócesis, sino para ser un signo que haga que
cada comunidad parroquial crezca en Caridad.
Es la prueba del algodón a la que nos urge
Benedicto XVI en su última encíclica: "La caridad en la verdad". Es una nueva
llamada de la Iglesia a compartir una mirada acogedora y de denuncia, ya que detrás de
cada persona por deteriorada que la veamos siempre hay un ser humano que siente, con
capacidades para afrontar su vida, con ilusiones por descubrir, con capacidad de aprender,
con experiencia para compartir.
Efectivamente, "nos preocupa justamente la
complejidad y gravedad de la situación económica actual, pero hemos de asumir con
realismo, confianza y esperanza las nuevas responsabilidades que nos reclama la situación
de un mundo que necesita una rotunda renovación cultural y el redescubrimiento de valores
de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor. La crisis nos obliga a revisar
nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas normas de compromiso, a
apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la
crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo" (Caritas
in Veritate, 21)
La mejor manera de hacer vida la denuncia de las
injusticias es no creer ni dejarnos llevar por los estereotipos, los prejuicios y los
miedos, y, por eso, cambiemos de estilo de vida. Una vida austera que ayudará a que
nuestros hijos descubran otros valores, porque una sociedad con valores, es una
sociedad con futuro.